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JGLCOM: Comunicaciones para Pensar
30 de Marzo, 2009 · General

BIOGRAFIA DE RODOLFO WALSH; EL PERIODISTA

 

Biografía de Rodolfo Walsh

Introducción

Descendiente de irlandeses, nació el 9 de enero de 1927 en localidad de Choel-Choel, provincia de Río Negro. Fue escritor, periodista, traductor y asesor de colecciones. Su obra recorre especialmente el género policial, periodístico y testimonial.

“En las mejores épocas, mi padre era mayordomo de estancia. En las peores, rondaba el puerto buscando trabajo”, contaba. Su madre Dora era fanática de la lectura y compartía ese placer con sus hijos”.

Durante poco tiempo estudió en una escuela religiosa de Capilla del Señor y estuvo como pupilo en el Instituto Faghi, de Moreno, creado para huérfanos e hijos de irlandeses pobres: “Los oficios terrestres”, “Un oscuro día de justicia”, “Irlandeses detrás de un gato”. Monjas y curas con sus mismos ancestros le abrieron el territorio de la lengua inglesa y así descubrió a Hemingway, Melville y Faulkner.

El bachillerato lo completó en Buenos Aires comenzando en el año 1941. Después inició estudios de filosofía que abandonó para repartirse en múltiples oficios: “Fui lavacopas, limpiavidrios, comerciante de antigüedades y criptógrafo”, decía él. “Mi vocación se despertó tempranamente: a los 8 años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antigüedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba”.

A los 17 años comenzó a trabajar en la editorial Hachette como traductor de cuentos policiales y como corrector de pruebas. Allí comienza su fascinación por el género y a los 20 comenzó a publicar sus primeros textos periodísticos. En 1953 publicó su primer libro de cuentos “Variaciones en rojo”, con el que había ganado el premio Municipal de Literatura de Buenos Aires y en el que reúne tres cuentos que no sólo son piezas fundamentales de la literatura policial argentina, sino que anticiparán lo que será su gran obsesión: la investigación del crimen. “Creo que nunca se ha intentado el elogio del corrector de imprenta y quizá no sea necesario. Pero seguramente todas las facultades que han servido a Daniel Hernández, en la investigación de los casos criminales, eran facultades desarrolladas al máximo en el ejercicio diario de su trabajo: la observación, la minuciosidad, la fantasía (tan necesarias para interpretar ciertas traducciones y obras originales), y por sobre todo esa rara capacidad para situarse en planos distintos, que ejerce el corrector avezado cuando va atendiendo, en la lectura, a la limpieza tipográfica, a la bondad de la sintaxis y a la fidelidad de le versión”[1].

En 1950 se casa con Elina Tejerina, quien será la madre de sus dos hijas: María Victoria (muerta luego de un combate con las Fuerzas Armadas en 1976), y Patricia (actual dirigente política.

Walsh en Cuba

Antes de partir hacia Cuba, publicó el Caso Satanowsky, en donde evidenció que matones de la SIDE asesinaron al abogado Marcos Satanowsky debido a oscuros intereses en torno a la propiedad del diario La Razón, y en cuya investigación da con los culpables.

Ya en Cuba, acompañado por su segunda esposa Estela Blanchard, fundó en La Habana, la agencia Prensa Latina junto con su colega y compatriota Jorge Masetti, Rogelio García Lupo y el escritor Gabriel García Márquez. Había decidido que no sería nunca más un simple observador privilegiado del mundo, sino que quería formar parte activamente de él. Como Jefe de Servicios Especiales en el Departamento de Informaciones de Prensa Latina, usó sus conocimientos de criptógrafo aficionado para descubrir, a través de unos cables comerciales, la invasión a Bahía de Cochinos, instrumentada por la CIA.

“Fue Rodolfo Walsh quien descubrió que los Estados Unidos estaban entrenando exiliados cubanos en Guatemala para invadir Cuba por Playa Girón en abril de 1961. Walsh era en esa época el Jefe de Servicios Especiales de Prensa Latina, en la oficina central de La Habana. Su compatriota, Jorge Ricardo Masetti, había instalado una sala especial de teletipos para captar y luego analizar en juntas de redacción el material informativo de las agencias rivales. Una noche, por un accidente mecánico, Masetti se encontró en su oficina con un rollo de teletipo que no tenía noticias sino un mensaje largo en clave muy intrincado… Rodolfo Walsh se empeñó en descifrar el mensaje con la ayuda de unos manuales criptografía recreativa, lo consiguió al cabo de muchas noches insomnes, sin haberlo hecho noticia sensacional para un periodista militante, sino una información providencial para el gobierno revolucionario de Cuba…”[2].

Walsh escritor

Rodolfo Walsh tuvo una tortuosa relación con la literatura, luego de haberse definido como marxista. “Soy lento, he tardado quince años de pasar del mero nacionalismo a la izquierda”. Después de publicar ¿Quién mató a Rosendo?, dijo: “las cosas cambiaron realmente en 1968, cuando la política lo ocupó todo. Entonces empecé a ser un escritor político. Mis ideas sobre la novela han cambiado”.

A Walsh le faltaba la novela para consagrarse como escritor. Pero después de Operación Masacre, y de su estadía en Cuba, decidió que ya en Argentina no podía desvincularse la literatura de la política. El ya había decidido. “Empiezo a asimilar lo básico del marxismo y mi nivel de conciencia es hoy bastante mayor. No aceptaría hoy incluir una cita de un bufón como Manucho (Manuel Mujica Lainez) en la contratapa de un libro (se refiere a Un Kilo de Oro), ni vacilaría en rechazar una beca en USA, etc.”

La novela era, para Walsh, algo así como la representación de los hechos. “Yo prefiero su simple presentación. Eso quiere decir que la novela es lo difícil de decir, lo que se resiste a ser dicho. Lo que me compromete más a fondo. Otra variante que he pensado es que la novela es la última forma de arte burgués, y por eso, ya no me satisface”.

En ese mismo año, en Madrid, Perón le presenta a Raimundo Ongaro, Secretario General de la CGT de los argentinos y el 1 de mayo aparece el semanario CGT, que funda y dirige por expreso pedido de Perón. En 1969 empieza a militar en el Peronismo de Base. “No le entiendo nada –dijo Ongaro luego de leer unos escrito suyos- ¿Escribe para los burgueses?”. “Me molestó porque sé que tiene razón” escribió Walsh luego de este hecho.

Walsh militante

En 1973 comienza a militar en la organización Montoneros con el grado de Oficial 2° y el alias de Esteban. Crea un sector del Departamento de Informaciones de Montoneros y será su responsable. Junto a su amigo, el poeta Francisco Paco Urondo, participa como fundador y redactor de Noticias. Este diario presentaba los puntos de vista de Montoneros. A principios de 1974 deja constancia por escrito de sus diferencias de concepción, tácticas y estrategia con la cúpula de montoneros, en un último intento de cambiar el rumbo, que, de seguir así, llevaba a una segunda derrota. No es escuchado. “Nosotros le decíamos traidores a ellos, a los Vandor, a los Matera, a los Remolino. Pero los traidores éramos nosotros. Porque Perón siempre los apoyó a ellos”.

Bajo el golpe de Estado encabezado por Jorge Videla, crea la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA). “Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote al terror. Haga circular esta información”.

El 29 de setiembre de 1976 muere en un enfrentamiento su hija Vicky. Tenía 26 años, una hija y era militante de Montoneros. Muere también su amigo Paco Urondo en Mendoza, perseguido por fuerzas militares conjuntas.

“De pronto –dice el soldado- hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablarnos en vos alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo. Pero recuerdo la última frase, en realidad no me deja dormir. –Ustedes no nos matan- dijo –nosotros elegimos morir. Entonces ella y el hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros”[3].

El 24 de marzo al cumplirse una año de la dictadura, envía su famosa “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar” a las redacciones de los diarios y nadie la publica. El 25 de marzo de ese mismo año, entre las 13,30 horas y las 16 horas, caminaba por San Juan y Entre Ríos. Poco antes se había despedido de su mujer, Lilia Ferreira, en la estación Constitución. Andaba con su disfraz de jubilado –actitud apocada, pantalón y camisa marrón, sombrero marrón- y su vieja cédula con el falso nombre de Norberto Freire. Era el mismo documento que utilizó durante su investigación sobre los fusilamientos civiles en los basurales de José León Suárez en junio de 1956. Walsh es secuestrado por un grupo de tareas de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), comandado por el oficial de inteligencia García Velasco. Sobrevivientes de la ESMA le acercaron a su hija, Patricia, una versión de lo sucedido. Según esa versión, Rodolfo debía ser tacleado por el oficial de Marina y ex rugbier Alfredo Astiz, quien falló en su intento. Esto generó una momentánea confusión: un subcomisario al que llamaban “220” por el voltaje de su picana, empezó a disparar errando todos los tiros, lo que permitió a Rodolfo gatillar el revólver calibre 22 que guardaba en la entrepierna y unirse al fuego.

Así hirió a uno de sus agresores, que quedó rengo (a fines del ’77 ese hombre fue galardonado con una medalla en una ceremonia secreta en la ESMA).

El 25 de marzo de 1977 asesinan al hombre que decidió para siempre ser “fiel al compromiso de dar testimonios en tiempo difíciles”. Tenía 50 años.

“Su causa es una causa sin sanción penal, por eso seguiré bregando en los tribunales nacionales e internacionales por el procesamiento de los responsables de su muerte” dice su hija menor Patricia Walsh. “Era un padre muy cariñoso, aunque un poco distraído, porque estaba muy involucrado con sus actividades. Por ejemplo, se olvidó de llamarme el día que cumplí 15 años, aunque lo hizo una semana después. Con mi hermana Vicky lo peleábamos mucho. El se enojaba y nos decía “ya van a entender”. La verdad es que él ganó, porque yo lo entendí”-

Rodolfo Walsh y “Operación Masacre”

Para entender la vida de Walsh es necesario dividirla en dos partes. “Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola descubrí, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior”, dijo el hombre, refiriéndose al libro que inició el movimiento periodístico-literario de la novela testimonial.

“Después de la frustración por la impunidad de la que gozaron los autores de los fusilamientos, Walsh ya no piensa en pedir justicia, sino observar que, además de permitir obtener datos y establecer la mecánica de sucesión de ciertos hechos, la investigación se ocupa de hechos límites que movilizan y ponen en cuestión compromisos, actos, ideas. La masacre de José León Suárez fue la perfecta culminación de un sistema; el caso Rosendo García desnuda la esencia del vandorismo, el asesinato de Satanowsky proyecta luz sobre el funcionamiento de los servicios de informaciones y su conexión con los grandes diarios” (Osvaldo Aguirre).

Cuando se produjeron los fusilamientos en José León Suárez, Walsh estaba trabajando en la compilación de cuentos de la editorial Hachette. Una tarde de 1956, jugando al ajedrez en un bar de La Plata escuchó la frase “Hay un fusilado que vive”. Nunca se le fue de la mente. A fines de ese año, comenzó a investigar el caso con la ayuda de la periodista Enriqueta Muñiz, y se encontró con un gigantesco crimen organizado y ocultado por el Estado. Walsh decidió recluirse en una alejada isla del Tigre con el seudónimo de Francisco Freyre y con la única compañía de un revólver. El 23 de diciembre Leonidas Barletta, director de propósitos, denunció, a pedido de Walsh, la masacre de José León Suárez y la existencia de un sobreviviente, Juan Carlos Livraga.

A partir de esa frase escuchada, el periodista quedó dominado por su necesidad de saber la verdad y a medida que tira de la punta para ir desovillando el misterio se va transformando en investigador y escritor “...Ahora, durante casi un año no pensaré en otra cosa, abandonaré mi casa y mi trabajo, me llamaré Francisco Freyre, tendré una cédula falsa con ese nombre, un amigo me prestará una casa del Tigre, durante dos meses viviré de un helado rancho de Merlo, llevaré conmigo un revólver y a cada momento las figuras del drama volverán obsesivamente…”[4]

Libros publicados por Rodolfo Walsh

  • Variaciones en Rojo. Hachette, 1953; De la Flor, 1985.
  • Operación Masacre, un proceso que no ha sido clausurado, Sigla 1957.
  • Operación Masacre y el expediente Livraga. Con la prueba judicial que conmovió al país. Continental Service 1964.
  • Los oficios terrestres. Jorge Álvarez 1965.
  • Una granada. La batalla. Jorge Álvarez 1965; De la Flor 1988.
  • Un kilo de oro. Jorge Álvarez 1965; De la Flor 1988.

Recopilaciones Póstumas

  • Obra literaria completa. México Siglo XXI 1981.
  • Rodolfo Walsh y la prensa clandestina, 1976-1978. Ediciones de la Urraca, 1985.
  • Cuento para tahúres y otros relatos. Puntosur 1987; reeditado por De la Flor en 1996.
  • Yo también fui fusilado. Vuelve la secta del gatillo y la picana y otros relatos. Los libros de Gente Sur, 1990.
  • La máquina del bien y el mal. Clarín – Aguilar 1992.
  • Cuentos. Biblioteca Página 12, 1993.
  • Rodolfo Walsh vivo. De la Flor, 1994; compilación y prólogo de Rodolfo Baschetti.
  • El violento oficio de escribir. Obra periodística (1923-1977). Espejo de la Argentina. Planeta 1995.
  • Ese hombre y otros papeles personales. Six Barral 1996. Recopilación a cargo de Daniel Link.
  • Semanario CGT. Página 12. Universidad de Quilmas. 4 libros de 86 páginas.
  • Textos de y sobre Rodolfo Walsh. Alianza Editorial 1999.

Cuestionario que le haría hoy a Rodolfo Walsh

  1. ¿Cómo caracterizaría o definiría a la novela, Usted, Rodolfo?
  2. ¿Qué relación tuvo con Perón en el año 1968?
  3. Cuando estuvo en Cuba, usted descubrió que los Estados Unidos estaban entrenando exiliados cubanos en Guatemala para invadir la isla. Reláteme brevemente cómo llego a esta información.
  4. ¿Cómo llegó a su gran obsesión por la investigación del crimen?
  5. Anteriormente que actividades había realizado porque tengo entendido que ganó un premio Municipal de Literatura, en el año 1953?
  6. Cuénteme sobre su infancia.
  7. ¿Por qué decidió partir hacia Cuba?
  8. ¿Qué sintió cuando Ongaro (secretario general de la CGT) al leer sus escritos le dijo si usted escribía para los burgueses?
  9. ¿Cuándo crea la ANCLA, cuénteme cuál era el objetivo primordial que tenía esta Agencia Clandestina de Noticias?
  10. ¿Cuando le dispararon a su hija Victoria, cuáles fueron sus últimas palabras?
  11. ¿Cuáles sus principales obras literarias?
  12. Luego de escribir la obra Operación Masacre, ¿qué cambió en su vida luego de la obra?
  13. ¿Cuál fue la frase que nunca se le fue de su mente para crear la obra Operación Masacre?
  14. ¿Qué actitud tomó luego de escuchar esa frase que nunca se le fue de su mente?
  15. ¿Qué consejos le daría Usted a los jóvenes de hoy, ya que se viven horas de gran violencia en la sociedad, especialmente entre adolescentes?

Resumen Operación Masacre

Este relato parte de un hecho delictivo donde hay una víctima inocente y victimario, con la diferencia de que la “víctima” son muchas y los muertos-vivos son los que relatan los hechos, que los destacan como personajes. El autor reconstruye a manera ficcional las situaciones personales de estos personajes, mientras que los hechos son mostrados con datos de los documentos, de los testimonios. El por qué del crimen es Carranza, supuestamente conocedor de este golpe por su estado político, y también supuestamente ligado a Tanco de quien queda solo la sombra de un nombre o la excusa.

No puede afirmarse que este texto mantenga los parámetros de un género literario como proceso autónomo, pero sigue los pasos necesarios para encontrar el por qué, el quién de un crimen por encargo que no se explica, y aparece claramente la impunidad.

Estas son las reglas necesarias y evidentes del thriller, y la técnica narrativa que va a definir el estilo: relato objetivo, acción rápida y violencia en primer plano. Luego, la búsqueda de la verdad de los hechos alcanza aquí la responsabilidad política.

Toda esta técnica se desenvuelve en un mundo cerrado donde se instalan los interrogantes que tratan de ser evacuados inútilmente porque las pautas legales las impone la policía, que permite la impunidad.

El que ejecuta la orden de Fernández Suárez es la policía, y el autor-investigador busca los móviles, y el delito es puesto en evidencia porque según Walsh no regía Ley Marcial cuando fuera dada la orden de fusilamiento, es decir, no hubo una ley que se quebrara.

El dónde y el cómo es la descripción detallada de los hechos en el basural de José León Suárez. El victimario, sin embargo, se pierde en un juego de sombras y espejos donde las culpas reciben el tratamiento del juego del Gran Bonete. Los capítulos cierran con frases que anuncian la tragedia y crean el clima. La estructura interna muestra concentración (el camino hacia el pasillo, tipo hombres-hormigas) y la eclosión: la revuelta, el camino del pasillo hacia el ómnibus, hacia el basural, la huída buscando la luz. Parecen los topos de Kafka, que cavan inútilmente, atrapados.

Lenguaje corriente para narrar un hecho cotidiano de esa sociedad, sin embargo para la sociedad actual está dirigida a una audiencia con alto grado de escolaridad. Es necesario enfatizar la diferencia con el relato policial, o la serie negra que tuviera perfiles de denuncias sociales, o inclusive el de Sciascia que el sirvió para denunciar y analizar el fascismo. Walsh adapta el esquema para narrar un hecho real.

No hay misterio en este relato pues la anécdota ya es conocida por el lector, y el autor mostrará el crimen, al decir de Chandler, como el producto de la sociedad porque este delito es el espejo de una sociedad bajo gobierno de facto, una sociedad cuyo valor moral es valor de cambio.

En esta obra no hay nada por descubrir sino por demostrar lo intuido por el público, que ha sido también un espectador comprometido o no, por el miedo o la indiferencia. El rol del detective es en este esquema de thriller reemplazado por el narrador convertido en investigador, que no busca otro criterio de verdad que aquel de la experiencia, y el desciframiento avanza de un crimen a otro, corroborando con pruebas.

El juego no es de astucia o de colaboración intelectual del lector como en la serie policial clásica, sino que adhiere el reclamo de honestidad, de justicia del autor, que afirma su rol ya no solo como investigador sino ahora como denunciante.

Es el desplazamiento de un lenguaje figurado al lenguaje literal; el desplazamiento es recolocado, las inversiones son revertidas. La distancia de la comparación metafórica desaparece. Dijo Walsh “Escribir es escuchar” y estos son los hechos escuchados, narrados. La escritura cumple el juego de la ausencia transferida, y el escritor es sólo quien reconoce los hechos de los que el lector conoce su existencia. La frase final con la que concluye “Operación Masacre” es: no es fusilamiento, es un asesinato, frase que encuadra este relato en la investigación y la demostración de que ha llegado a la verdad de los hechos.

Demuestra Walsh que las muertes fueron legalmente justificadas y apartándose de la serie policial clásica, no muestra el crimen sino la masacre.

Para contar las vidas y los últimos pasos de los protagonistas, narrar lo sucedido la noche de los asesinatos y mostrar el expediente judicial que se genera posteriormente, el autor elegirá una forma llana de escritura con un certero equilibrio entre lo novelado y lo testimonial. Se sabrán detalles íntimos: algunos intuidos, otros obsesivamente buscados. Por ejemplo, que a Carranza “se le hacía un nudo en la garganta” cada vez que miraba a su hija de 11 años que, seis meses antes, había sido secuestrada por la policía para preguntarle si su padre era un delincuente.

O bellas descripciones como: “alta, resuelta, de boca algo desdeñosa y ojos que no sonríen” o “esa casa pobrísima que alquila, rodeada de ese paredón sucio, con ese terreno inculto donde picotean las gallinas, no es lo que él imaginaba”. La tensión subirá y el ritmo de la novela irá pasando cada vez más rápido. Utiliza sencillos recursos: datos sutiles para afirmar la veracidad de lo narrado –“El colectivo (que se utiliza para trasladar a los prisioneros) que es el mismo 40 de la línea 19”- y el buceo de sensación que, seguramente, tuvieron esos hombres. Así, la matanza será reconstruida, más que nada, con los últimos diálogos y pensamientos de los hombres.

Si no se supiera de entrada que los hechos que se narran son estrictamente ciertos, leer Operación Masacre, sería mucho más gozoso. Sin temor, podría modificarse ese principio literario que consigna a la novela “A Sangre Fría” de Truman Capote como la primera de no ficción editada en 1966, y darle ese lugar a la obra que Rodolfo Walsh publicara nueve años antes. Pero esta idea parece trivializar el tema que investigó el periodista desaparecido. Tal vez porque el lejano asesinato de la familia Clutter en el pequeño pueblo de Holcomb (Texas) no ha tenido ni tendrá, a pesar de ser un bello libro, el peso social que significó la salida de la obra argentina. O porque el gran escritor que fue Capote no vivió su tiempo con el riesgo ni la devoción por la verdad y la justicia que sintió Walsh.

Ese enorme periodista –paradójicamente tan seducido por la literatura- participó de la historia de su país y con pasión fue modificando su modo de ver: al paso de las páginas del libro se puede percibir que el hombre que comenzó a investigar, no es el que escribió el primer capítulo, ni será el que termine la obra.

Particularmente, después de haber leído el libro y conocido los hechos que sucedieron en otros tiempos, me da la sensación de que la Argentina y los argentinos no hemos aprendido mucho de nuestros errores. Este libro cuenta una historia verdadera sucedida en 1956, 20 años después, la represión de 1976 y hasta el ’82 fue similar y el pueblo continuó dando la espalda. Mucho más cerca, los hechos sucedidos en diciembre de 2001 frente a Plaza de Mayo, fue también una masacre, pues el pueblo en forma pacífica trató de hacer valer sus derechos y, ante una orden inhumana, murieron civiles tratando de defender la democracia, pero protestando contra un gobierno, que no escuchaba sus reclamos ni actuaba como debía hacerlo.

Creo que este tipo de literatura tendría que ser “obligatoria” para que nuestra memoria esté siempre activa, pero no solamente para eso, sino también para saber que “no siempre los adultos tienen razón” y que debemos aprender a escuchar, a tolerar, a entender al otro. Cuando hayamos ejercido bien estas cosas, podremos tener un pueblo maduro y capacitado para resurgir. Mientras tanto, seguiremos en la eterna lucha de imponer nuestras ideas basándonos en la violencia.

No es ese el país que quiero; no es el país que quiero dejar.

JGLCOM

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publicado por jglcom a las 16:40 · 1 Comentario  ·  Recomendar
 
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es una caca
publicado por juan pablo el puto, el 02.10.2014 15:38
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