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18 de Abril, 2009 · General

DIA DEL PERIODISTA

 

 

 

El Periodista

 

Introducción al tema

Como todos conocemos, el 25 de mayo, se conmemora el aniversario de La Revolución de Mayo de 1810, fecha en la cual, se inicia el nacimiento de nuestra Patria. A consecuencia de ello, es que con el correr del tiempo se fue considerando necesario comunicar este acontecimiento, a lo largo de nuestro territorio y dejar plasmado en el papel, con el fin de que las futuras generaciones tengan prueba de la nueva etapa que acababa de iniciarse. Es por esto que, los miembros de la Primera Junta, luego de transcurridos algunos meses, que el nuevo Gobierno  Patrio, necesitaba contar con su propio órgano de prensa, destinado a difundir las ideas patrióticas de la Revolución.

El Día del Periodista fue establecido en recuerdo del primer periódico de las Provincias Unidas del Río del Plata. El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la “Gazeta de Buenos Aires”, órgano de prensa de las ideas patrióticas y algo así como el “Boletín Oficial” de la Primera Junta. Sus redactores fueron nada menos que Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

Pero además, previo al comienzo sobre la vida de Rodolfo Walsh, ya que de revoluciones se trata; consideré necesario aludir a la vida y obra de dos periodistas nacionales que, seguramente, marcaron un hito en la prensa escrita de la época en que ejercían el periodismo. Se trata de la vida y obra, de los nunca bien ponderados,  Juan Carlos Torres y Pedro De Paoli. A continuación, expongo sus biografías:

 

Vida y obra de dos periodistas nacionales

Dicen que la ocasión es queda. Así, la reedición de este breve ensayo: “Peronistas ¿moriremos ahorcados?”, nos es propicia para rescatar del olvido algunos datos sobre la vida y obra de dos periodistas del campo nacional que este trabajo une. La del prologuista José Luis Torres y la del autor, Pedro de Paoli. El primero que se destacó por su producción de denuncia en torno a los grandes negociados que signaron la, bautizada por él, década infame, y el segundo por su versación histórica en trabajos de desmitificación de aspectos de la historia oficial.

 

Así, en el momento de la propaganda la gran prensa se mueve con soltura, con agilidad, es el momento del ataque a las conciencias, de su manifestación y consecuentemente, de idiotización del lector. En el segundo momento, el del silencio, ella se halla abroquelada. Ha sido afectada en su poder. Le han cortado algún tentáculo. Su detractor no ha podido ser sobornado de ninguna manera, pues él es un hombre con principios y que vive en función de un ideal. Luego,  hay que evitar que se lo conozca, pues reconociéndolo, sus principios y sus ideales se tornarán peligrosos para el statu quo reinante, hoy expresado a través del llamado pensamiento único y políticamente correcto.

Es éste, sintéticamente, el mecanismo de los embaucadores de conciencias; y tanto José Luis Torres como Pedro de Paoli con sus vidas y sus muertes, son un ejemplo irrevocable de lo que este enfrentamiento acarrea. Sobre el primero escribió Arturo Jauretche: “No hay ningún periodista argentino que no haya querido escribir su necrológica. Pero no hay ningún periódico argentino que haya querido recogerla. Este silencio que ha habido para la muerte de José Luis Torres prueba simplemente que murió en su ley. Esto es lo que se llama aquí ‘libertad de prensa’. Libertad de los intereses antinacionales y antipopulares, para impedir que tenga medios de expresión lo nacional y popular”.


Vida y obra de Torres

 

Nació en la ciudad de San Miguel de Tucumán el 21 de enero de 1901, fue su madre una mujer de condición humilde, siendo su padre un ingeniero del ferrocarril que lo reconoció como hijo. Sus estudios llegaron a cuarto grado del colegio primario, lo que habla a las claras del carácter autodidáctico de su formación.

“Ya a los 14 años”, recuerda la señora de Torres, “se unió a la acción anarquista para realizar la primera huelga violenta en el Ingenio Ledesma de Tucumán, a fin de conseguir el salario de tres pesos para los obreros del surco”. Al tiempo comienza a trabajar para el periódico tucumano “El Orden”. Es allí donde aprende el oficio de periodista y desde donde empieza, ya a los 18 años, su primera campaña periodística contra los que serán sus enemigos de por vida: la oligarquía maléfica y los perduellis, como los identificará años más tarde en libros homónimos.

Pasados los 20 años se trasladó al norte, donde contrajo enlace con una mujer del lugar de quien tuvo un hijo. Ahí, nos cuenta Torres, “en Salta y Jujuy fui director de diarios, obrero de ingenio, motorista de automóviles de alquiler (tachero, diríamos hoy), y siempre por temperamento, por vocación y por deber, agitador de rebeldías”.

Enviudó relativamente pronto, hecho que lo movió a retornar a Tucumán. De allí en más, su figura comienza a adquirir dimensión política propia, y así lo vemos en 1932 cumpliendo funciones de ministro de gobierno de Juan Luis Nogués, quien a juicio de un oligarca de la talla de Juan Simón Padrós, “renunció a la tradición legada por sus mayores, junto con su sangre y su apellido”. ¿Y ello por qué? Porque Nogués, y Torres como su ministro, llevaron a cabo el único gobierno de provincia que defendió la autonomía federativa de la misma contra la voluntad inconstitucional del testaferro Agustín P. Justo y su patrón “el requeteoligarca” Centro Azucarero Tucumano. Este enfrentamiento motivó la intervención de la provincia ante el silencio cómplice del Congreso de la Nación.

Después, en 1933, el que va a ser reconocido como “El fiscal” de la década infame, viaja a Buenos Aires donde se radica definitivamente, pues consideraba que “la cabeza de la hidra” estaba aquí. Comienza entonces su período más fértil y combativo, pues junto con las denuncias del negociado de la venta de tierras de El Palomar; de la estafa de la conversión de la deuda pública externa de la provincia de Buenos Aires en 1935; del Instituto Movilizador; de la ley de
Coordinación de Transportes;  de los monopolios del gas y teléfonos,  hace campaña periodística contra la CADE, el grupo Dreyfus, el engendro de creación del Banco Central por parte de Inglaterra y la denuncia de la Banca Bemberg; es decir, prepara el clima de lo que él llamaba la Revolución Nacional de 1943 y el posterior gobierno del General Perón.

En cuanto a su vida privada, el hecho más significativo por esa época es su enlace en 1940 con una mujer que lo acompañará hasta el resto de sus días y de quien tendrá una hija que agregará alegría a su carácter ya jovial. Si bien en ese año publicó su primer libro, “Algunas maneras de vender la patria”, es recién en el período que va del 43 al 53 donde Torres halla relativa tranquilidad para dejar por escrito sus experiencias, luchas e ideales. Así, “Los perduellis” (1943), “La década infame” (1945), “La patria y su destino” (1947), “Seis años después “(1949), “Nos acechan desde Bolivia” (1952) y “La oligarquía maléfica” (1953) son algunos de los títulos más salientes de su producción.

Pero José Luis Torres no es un hombre de partido sino de la nación y ante la burocratización del peronismo, compuesta por esa camándula de adulones y alcahuetes que siempre rodearon a Perón, alzará nuevamente su pluma, o colaborará con sus pocos ahorros, en defensa de los intereses nacionales y populares.

Es por lo demás conocida la colaboración desinteresada que prestó al gobierno de Perón, quien incluso más de una vez lo mandó llamar a fin de que lo informara sobre temas de vital importancia para el país. Es plausible que haya sido Torres quien redactó el borrador de la proclama del GOU del 4 de junio de 1943.

Con posterioridad a la revolución del 55 edita la revista Política y políticos, que tenía como leyenda “ni con unos, ni con otros”, de la que logran salir ocho números hasta que es cerrada por orden del almirante Rojas. En ella Torres, que era su único redactor y escribía con estilos diferentes para darle mayor relieve, estigmatizó la revolución triunfante desde todos los ángulos, bautizándola como “revolución fusiladora”, nombre con que años más tarde se la identificó definitivamente. Es éste otro de los rasgos del “loco Torres”, como lo llamaban sus amigos, el poder sintetizar en un nombre preciso y apropiado hechos, personas y épocas. Así, a él se debe la caracterización de “década infame” al período del 32 al 43; “oligarquía maléfica”, al sector social de mayores recursos que se enriqueció a costillas del pueblo en ese período y “perduelio”, al aparato financiero y legal montado por los enemigos internos de la patria para su liquidación.

Clausurada la revista viaja a España, pues sostenía que “la cabeza de la hidra está en Europa y yo tengo que ir a cortarla allá”. Se entrevista con Pío Baroja, el inconformista ibérico autor del inhallable ensayo Comunistas, judíos y demás ralea. Sin embargo, a los dos meses, él, que había sido un hombre todo vigor y dinamismo, regresa desanimado y sin fuerzas. Ya había comenzado a desarrollarse la larga y penosa enfermedad que le resultará mortal. Y así, mostrando un desinterés total, confiesa: “como Carlos Guido Spano, me corto la coleta y me meto en la cama a leer. No escribo más”.

Luego de casi una década de oscuridad y silencio, fallece en Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1965, en la pobreza más absoluta. Sus amigos, entre ellos Pepe Taladriz, realizan una colecta para comprar el cajón. Sus restos descansan en el osario público del cementerio de La Chacarita.

Más, como el mismo lo previera, no murió del todo, pues “hasta después de muerto ha de prolongarse en el tiempo la consecuencia de mi esfuerzo”.



Vida y obra de Pedro de Paoli

 

Nació este descendiente de piamonteses en Casilda, al sur de la provincia de Santa Fe, en la denominada “pampa gringa”, el 28 de junio de 1897 y murió en Mercedes, provincia de Buenos Aires, el 15 de junio de l986.

Cursó la escuela primaria en el Colegio de los Talleres del Ferrocarril Central Argentino en Rosario. Fue maestro rural de su provincia, tarea que alternó con la literatura. Fue delegado del Consejo directivo de la Federación Agraria Argentina y se desempeñó como profesor en escuelas secundarias y del profesorado. Durante la primera Guerra Mundial fue como cronista voluntario al frente francés. Trabajó también como bibliotecario. Dictó la cátedra “Historia de los partidos políticos” en la Universidad Nacional del Litoral en Rosario. Con sus trabajos sobre
temas de historia argentina se incorporó a la escuela revisionista, que tuvo su sede en el Instituto Juan Manuel de Rosas. Estuvo casado con Agustina Sánchez, quien lo sobrevivió.

Se destacó, como afirmamos, por ser un periodista perteneciente al ancho campo nacional, con vocación por los temas históricos y como interés permanente la denuncia de la masonería en el manejo de la cosa pública en la vida de la república. Al mismo tiempo, ha sido un conocedor y cultor del tradicionalismo criollo, donde destaca “la democracia gaucha”. Al respecto, su trabajo Trayectoria del gaucho (1944/1949) debe contarse entre las obras más características sobre esta temática, junto con las de Justo P. Sáenz, Martiniano Leguizamón y Carlos Villafuerte.

Sus trabajos históricos comienzan con Los motivos del Martín Fierro en la vida de José Hernández, donde realiza la crítica histórica al período comprendido entre la batalla de Caseros y la Revolución de 1890, mostrando el influjo de la masonería en la paulatina extranjerización y dominación de la Argentina.

Le sigue una extensa biografía de Facundo Quiroga titulada Vida del Brigadier General Don Juan Facundo Quiroga, víctima suprema de la impostura (1952) y continúan con Sarmiento: su gravitación en el desarrollo nacional (1964); El revisionismo histórico y las desviaciones del Dr. José María Rosa (1965); Sarmiento y la usurpación del estrecho de Magallanes, réplica a las opiniones del Profesor Campobassi (1968). Y su trabajo en colaboración con el historiador riojano Manuel G. Mercado, Proceso a los montoneros y Guerra del Paraguay: aplicación de la justicia social de clases, Buenos Aires, Eudeba, 1973/1974. Tenemos también otros libros como: ¡Defrauden! (La quiebra escandalosa de la Federación Agraria Argentina), Buenos Aires, 1935, y Función social de la radiotelefonía, Buenos Aires, El Ateneo, 1943.

Llegamos finalmente al único trabajo político partidario de Pedro de Paoli, que es el que reeditamos en esta ocasión: Peronistas ¿moriremos ahorcados?, editado en 1949 por José Luis Torres y bajo el sello de su editorial: Centro Antiperduélico Argentino. Es un trabajo breve de 85
páginas que resumen las tesis clásicas de los peronistas críticos, esto es, aquellos que han criticado al partido político por ser un trampolín para escalar posiciones personales y sociales. Aquellos que ven en los parvenues del peronismo a los aprovechadores de los cargos y canonjías que ofrece semejante movimiento de masas. Sobre todo si se puede llegar a las cercanías del General Perón, rodeado según sus propias palabras de “adulones y alcahuetes”. La tesis de este trabajo es que “son éstos quienes están frenando la Revolución, echándole arena a los cilindros de su mecanismo (p.13)... es hora de llamar a los verdaderos peronistas y alejar a los infiltrados” (p.83).

En realidad, la historia política del partido justicialista puede leerse en su curso de medio siglo de vida bajo el hilo conductor de: auténticos peronistas abstenerse. La desfachatez, la mediocridad, la deshonestidad, la ramplonería, la trapisonda, la incapacidad y, sobre todo, la traición a los principios y valores que encarna el peronismo fueron, son, y todo indica que serán, las mejores cartas de presentación para ocupar un cargo en el partido, en una lista partidaria o en un cargo gubernamental. Estas tres posibilidades se han visto cubiertas durante el medio siglo que lleva de vida, salvo honrosas excepciones, por los mismos y reiterados nefastos personajes que generación tras generación se multiplican a sí mismos, tapando, estorbando e impidiendo la llegada de los mejores a los cargos políticos.

Pedro de Paoli cita una y otra vez la frase de Perón: la revolución se hace con los audaces y el gobierno con los capaces. La revolución iniciada en 1945 se abortó, no llegó a su plenitud y nunca llegaron los capaces a ejercer el gobierno. El peronismo tuvo cinco experiencias de poder 1946-1955; 1973-1976; 1989-1999; 2002 hasta el presente. Así, gobernaron sucesivamente Perón, Cámpora, Perón, Isabelita, Menem y Duhalde. De todos ellos, salvo el caso del general Perón, el resto son hombres absolutamente menores, sin el mínimo trabajo espiritual sobre sí mismos y menos aún sobre sus aláteres. Ignoran suspicazmente, y en algunos caso hasta desprecian la vida del espíritu. Al respecto conviene recordar lo afirmado por de Paoli aquí: “Nuestra Revolución no tiene mística, carece de espíritu. No se ha hecho la revolución en los espíritus. Es totalmente materialista, solo se habla de mejoras materiales, sueldos, jubilaciones... Lo que da proyección a una revolución, lo que la hace permanente es el espíritu (p.31). Y éste, aunque nos duela, hay que decirlo con todas la letras, no alumbró en el peronismo nunca. Hubo atisbos, pero no se pasó de buenas intenciones con cursos de adoctrinamiento que casi siempre fueron pensados para entretener a la gilada, mientras que con los cargos se quedaban los vivos y ventajeros de siempre”.

Pero Pedro de Paoli no se quedó simplemente en la crítica, sino que como buen tradicionalista argentino esbozó su propia teoría de lo que debería ser la Revolución peronista. “Una Revolución hiere algo, va contra alguna cosa, lesiona algunos intereses... (p.23), sin olvidar,  que una revolución se torna permanente si se funda en el espíritu, afirmando que nuestra Revolución es, intrínsecamente, tradicionalista, patriótica, con arraigo en el pasado y con proyección hacia el futuro. Nuestra Revolución es de argentinos auténticos, integralmente argentinos sin conexión con fuerzas o intereses foráneos (p.33). Porque a diferencia de Europa nosotros no tenemos en nuestro pasado lejano, un recuerdo de esclavitud, de oprobio, de explotación de los más por los menos. Nuestro pasado lejano es la aldea con
pretensiones de ciudad, con artesanos de vida holgadísima, y de una vida tranquila y feliz. De una campaña con rebaños de centenares de miles de cabezas, con una extensión de tierra ilimitada sin dueño y con un habitante, el gaucho, arquetipo de la raza, que era símbolo de libertad, de hidalguía, de coraje, de virilidad. De altivez, de integridad moral y de limpieza de espíritu. La explotación del hombre por el hombre, la esclavitud, el hambre, la supresión de la libertad, etc., no estuvieron nunca en el pasado argentino; no pertenecen a nuestra historia; jamás han sido cosas inherentes a nosotros”
(pp.47/48).

Vemos pues, como para de Paoli el gaucho, su tiempo y sus virtudes, constituye la figura metapolítica de la revolución peronista.


Yo he conocido esta tierra
En que el paisano vivía
Y su ranchito tenía
Y sus hijos y mujer,
Era una delicia ver
Cómo pasaba sus días.



Su interpretación de la revolución peronista está dada en clave criolla, que bien puede resumirse en esta otra estrofa del Martín Fierro:


Tiene el gaucho que aguantar
Hasta que lo trague el hoyo,
O hasta que venga un criollo
A esta tierra a mandar.



Finalmente el sentido popular de la revolución peronista lo encuentra allí donde dice Fierro:


Mas Dios ha de permitir,
Que esto llegue a suceder,
Pero hay que comprender
Para hacer bien el trabajo,
Que el fuego para calentar,
Debe ir siempre desde abajo.

 

 

Homenaje a Rodolfo Walsh.

 

            En una conferencia cuyo objetivo era brindarle un homenaje al periodista desaparecido en la última dictadura militar, Rodolfo Walsh; lo  ha logrado.

            El periodista Horacio Verbitsky, quien detalló los puntos más importantes de su vida, sintetizó de manera muy correcta los hechos sobresalientes de la misma.

            Introdujo el tema, narrando el contexto histórico que acaecía en dicha época, para que los espectadores, que en su gran mayoría eran jóvenes de menos de 27 años, se situasen en el momento en que ocurrían los hechos contados.

            El aspecto que más destaco de la conferencia, es el haber puesto el énfasis en los hechos determinantes que  luego terminaron con la desaparición de Rodolfo: la publicación de la carta a la Junta Militar. Eran épocas en que se jugaban las ideas de un país con carácter nacional e independiente contra los que buscaban ser todo lo contrario. Ideas que incluían  todos los aspectos: económico, social, cultural, científico, educativo, derechos.

            Luego de terminado su discurso: un tanto elevado para algunos de los espectadores teniendo en cuenta edad y escolarización; comenzaron las preguntas de los espectadores hacia el orador. En este orden, destaco la que formuló una señorita acerca de la ley de radiodifusión, que en nuestros días, cómo es posible que todavía rija la Ley Videla en esta materia, y que nuestros políticos no le hayan dedicado horas de debate en el Congreso, para elaborar una nueva norma que contemple aspectos importantes. Sobre este tema Verbitsky respondió que si bien es cierto que en esta materia rige la ley Videla de radiodifusión, lo cierto es que los distintos proyectos presentados en democracia, han sido inferiores a los que aquella sostenía.

 

            Volviendo al punto en que destaca la vida de Walsh, Horacio Verbitsky comienza relatando puntos de su vida de lo cual, extraje lo siguiente:

            Se destacó en ámbitos literarios como un caso paradigmático. Fundó la Agencia Prensa Latina en Cuba y trabajó en diversos medios en Buenos Aires. El 25 de marzo de 1977 fue herido de muerte y su cuerpo nunca apareció. Un día antes había escrito la “Carta Abierta a la Junta Militar”.

            Nació en 1972 en localidad de Choel-Choel, provincia de Río Negro. Fue escritor, periodista, traductor y asesor de colecciones. Su obra recorre especialmente el género policial, periodístico y testimonial, con celebradas obras como “Operación Masacre” y “Quién mató a Rosendo”. Walsh era para muchos el paradigmático producto de una tensión resuelta: la establecida entre el intelectual y la política, la ficción y el compromiso revolucionario. El 25 de mayo 1977 un pelotón especializado lo emboscó en calles de Buenos Aires con el objetivo de aprehenderlo vivo. Walsh, militante revolucionario, se resistió, lo hirieron y fue a su vez herido de muerte. Su cuerpo nunca apareció. Hoy, en homenaje a su gran trabajo, en conmemoración del día del periodista, recordemos su obra maestra: la “Carta Abierta a la Junta Militar”, la cual había sido escrita, el día anterior a su pase a la inmortalidad.

 

 

 

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